25 jul. 2008

CUENTOS RAPIDOS PARA LECTORES APRESURADOS (IV)

Por Eligio Coronado

INDICACIONES


No conozco a las jirafantes. Sólo sé que vuelan.


Mi pluma escribe su propia obra.


Después de tantos gritos y desmayos, lo he comprendido todo: el fantasma soy yo.


Nadie platica con él porque siempre cae en lagunas mentales. Lo malo es que salpica.


“¡Al manicomio no! ¡Al manicomio no!”, gritaba aquel enfermo dental.


El día se quedó dormido y nadie pudo encender los resplandores del alba.


A diario cruzo por el abismo de la página.


Fui al valle de la soledad y allí estaban todos.


Anoche un insomnio me convirtió en pastor y tuve que contar ovejas hasta el amanecer.


Esta noche el insomnio contará ovejas en mis sueños.


Al fundar este pueblo espero que la historia no se lo atribuya a otro.


He fundado pueblos hasta en la memoria de los historiadores.


Debo a los historiadores la mayoría de mis hazañas.


El presupuesto sabe a dónde iremos de vacaciones.


Todos los cielos que conozco se han caído.


Ellos viven del aire: son globeros.


Vive en un espacio de papel: es escritor.


Finalmente nos fuimos con la música a otra parte, pero también de allá nos corrieron.


Unas cuantas luciérnagas bastaron para manchar de luz la oscuridad.


El asombro congela el jardín: somos estatuas momentáneas.


Jorge se ha ido. Las cantudelas están tristes.


En el parque donde nada es real, Lennonio el Morso imagina que yo lo escucho cantar.


Es por demás: este lápiz nunca aprenderá a dibujar.


La víctima se fue de inmediato al otro mundo.


Se abrió el corazón como si fuera un libro y arrancó todas las hojas.

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